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Del Sub – Marcos

Posted by oxido1180 en junio 14, 2007

A continuación les traigo un cachito de un texto que presentó el Sub en la presentación de su libro “Noches de fuego y desvelo”, no es en sí un fragmento del libro sino un texto que escribió para leer en la presentación de su libro, este texto se llama “El amor, sus modos y sus nimodos”, la presentación del libro se realiza en tres etapas, la primera fue en el D.F. el 8 de junio, la segunda en Morelia el 12 de junio y la tercera será en Guadalajara mañana 15 de junio, cuatro y media de la tarde en el Auditorio Salvador Allende.

Bueno, pues de la segunda parte, es decir la parte de Morelia he seleccionado un cacho de “El amor, sus modos y sus nimodos”. Lo que es muy claro y pertinente es que para cualquier lucha se requiere una inspiración y el amor, siempre, siempre, siempre, será un buen motivo por el cual luchar, al menos hasta que termine.

Por cierto, al final hace una pequeña referencia a una de las madrugadas de hace 8 años, cuando luchar era digno, antes de que nos robaran el espíritu… muy cerca de aquí, en Ciudad Universitaria.

El Viejo Antonio cuenta otra historia
del insolente amor entre la luz y la sombra.

Tomó la lluvia un descanso, y una luna criando luz se retrató en el oscuro espejo de la noche. No en esta madrugada, sino en otra una, hace 10 años. El Viejo Antonio salió de su techo de nylon, miró hacia la creciente herida de luz y luego volteó a verme, apurado como estaba yo desalojando los charcos que la lluvia había formado sobre mi techo y que amenazaban con romper los bejucos que tensaban el plástico. No esperó el Viejo Antonio, el tabaco no esperó, y con la pequeña nube de cigarro y pipa, como antes la lluvia, empezó a abundar la palabra.

“Tiene tiempo ya”-, dijo el Viejo Antonio.

Un viejo sabedor purépecha me contó cómo el amor que parece imposible, suele buscar caminos extraños para darse el beso que anula la dualidad.

Y qué amor más imposible que el de la sombra y la luz, el de la luna y el sol. Y contó el purépecha que sus anteriores cuentan así el imposible suspiro que unió y une a ambos:

El sol, que Curicaueri tiene por nombre, amó y amado fue por Xaratanga, que es como la luna se llamaba. Tanto era su amor y tanto su necesidad de tocarse, que no se separaban. Sufrían entonces hombres y tierras las consecuencias de esa pasión que iba contra todo.

Se enteró Nana Cueráperi, la naturaleza madre, la tierra, el principio y el fin, la más grandiosa y sabedora, y grande fue su extrañamiento, porque, cuando hizo al sol y la luna echó a caminar el cielo, bien que les explicó su trabajo: al sol caminar le tocaba el día, y resbalarse por la noche era la labor de la luna. Pero el amor hecho pasión de ambos incumplía el acuerdo de los tiempos primeros. Enojó entonces Nana Cueráperi y llamó a los dos a su presencia para decirles así:

“Todo hice yo, ríos, mares, tierras y montañas. De árboles, animales y plantas y flores los poblé. Hice después al hombre y a la mujer para que sobre mí y en mí fueran. Pero el volcán vaciaba su ira sobre los valles, mientras zirpiri, el rayo, y hanicua, la nube, se amaban de tal forma que lluvia grande se hacían y el agua lo cubría todo. Para eso resolver, fueron creados ustedes. Xaratanga debía esperar en casa mientras Curicaueri calor daba a la tierra y, con su paso, abriría las flores y crecería, maduro, el maíz que es corazón y alimento de mi gente. Regresando al hogar Curicaueri, la luna debe salir, con su grande compañía estrellada, para ser guardiana del mundo”.

La Luna y el Sol protestaron, pero Nana Cueráperi, la madre tierra, no se conmovió y enojada sentenció: No yacerán juntos, no se unirán sus pieles.

Lloraron los dos amantes irreverentes y de sus lágrimas caídas en la tierra, brotaron raíces, flores y frutos maravillosos. Caminó desde entonces el sol el día, y desde aquel tiempo la luna vigiló la noche.

Pero cuentan también que el y ella, no habiendo lugar y tiempo para a escondidas verse, tocarse y amarse, un rincón le hicieron a la habitación del tiempo donde encontrarse pueden la sombra y la luz. Es por eso que, en algunas madrugadas, la luna deja a lluvias y estrellas cubrirle en la guardia y, vestida sólo de nube, en el abrazo del sol se envuelve y él más luz se hace y ella más se entibiece, y entonces otra una lluvia se llueve, y algo así como un largo suspiro, viento se hace sobre la silenciosa tierra.

Se calló el Viejo Antonio, y, como si tal, un viento inquietó entonces la noche, y la lluvia volvió a reinar, aunque lluvia muy otra me pareció…

Cuando escucho historias de amores inverosímiles, como ésta que me contó el Viejo Antonio y ahora les cuento yo, es que pienso que no sé si dios exista, pero existen los milagros.

Vale. Salud y que, si no tienen lugar, sombra y luz se hagan el mundo que su ansiedad necesita y merece.

Muchas gracias.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Junio del 2007.

P.D. QUE SE ASOMA AL BAÚL DE LA MEMORIA.- De otra madrugada, hace 8 años, cuando los estudiantes y las estudiantas de este país llamado México, en 1999, cátedra de dignidad nos dieron, reaparecen éstas las…

9 TESIS Y UNA CONCLUSIÓN SOBRE EL POLIFANTE Y LA REBELDÍA.

1.- El Polifante, como todos vosotros sabéis porque se estudia en todas las facultades y escuelas, es una especie de elefante múltiple y multiplicada nariz, exponencial en número y distancia.

2.- La distancia más larga entre dos puntos es la recta que no los une, sobre todo si entre los dos puntos hay una pared.

3.- La pared, viene en todos los tratados científicos, es un curioso artefacto que sirve para evitar que haga lo que se le venga en gana ese travieso irreverente que es el viento.

4.- El viento, según revelan recientes estudios estudiados estudiosamente, es un potro obsceno cuya montura es el deseo.

5.- El deseo es inútil si no convoca humedades.

6.- Las humedades, según se sabe, nacen en una calabaza.

7.- La calabaza es la forma que, para protestar contra la ley de gravedad, asume una manzana.

8.- Una manzana no siempre es una manzana, sobre todo de madrugada.

9.- La madrugada es el lugar en donde se desvive el Polifante.

Conclusión: Ergo el Polifante, como la rebeldía, es contagioso.

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